Cap de setmana atapeït

25 mai

Doncs ara que s’acosta Patum, tenim aquells moments de tensió, de nervis, d’acumulació de coses.. aquest cap de setmana ha estat força així, però finalment hem pogut arreglar-ho tot. Fins i tot he tingut temps per estar amb amics i família! un èxit. Ens ho hem passat bé en família en els racons més idíl·lics del Berguedà.

Isla Mínima

22 mai

La_isla_m_nima-276450591-large

Doncs feia temps que volia fer aquest post, fa força temps.

Volía fer un incís sobre aquesta peli, perquè se’n ha parlat moltíssim, i crec que fins i tot massa. No dec ser l’unic… però algú ha se’n ha adonat que la Isla Mínima és una còpia totalment espanyolitzada de True Detective? Ho trobo molt evident… primera des del punt de vista de càmera, La direcció de fotografía la trobo força descarada, amb travellings laterals i desenfocs constants de primer a segón pla, encara més descarat els tons sèpia que intenta donar un aspecte més vintage, molts perfils il·luminats des de una finestra. Diàlegs en veu baixeta… i pantans… en resum… una còpia fins i tot en la música. I amb això no vull dir que sigui dolenta, és un enorme feinada, una feina dura fer una peli així, amb tants detalls i tant treballada, simplement vull dir que quan la veia tenia la sensació que ja ho havia vist, que res em sorprenia. També vull salvar de la crema als actors, que crec que no ténen cap culpa i que a més ho fan bé. Sobretot Raul Arevalo.

La-isla-minima-dirigida-por-Al_54412468359_53389389549_600_396

La història (no us vull fer un spoiler) és consistent, però tot passa massa evidentment, sense molt sentit…hi han bons detalls, de canvi de llums… de jugar amb el negre… i un tractament del so força bo. Travellings laterals abundants i plans d’acció ben rodats. En resum, no la desaconsello, perquè m’ha agradat, però no la marco com a pedra angular del nou cinema com ha fet públic i crítica.

30

He d’afegir però que comparat amb El Niño es molt superior!!! Perquè la vaig trobar molt dolenta!

21 mai

cubist

Interessant article!

13 mai

La envidia y el síndrome de Solomon

Formamos parte de una sociedad que tiende a condenar el talento y el éxito ajenos

La envidia paraliza el progreso por el miedo que genera no encajar con la opinión de la mayoría

Uno de los mayores temores del ser humano es diferenciarse del resto y no ser aceptado

1368793042_628150_1368797428_noticia_grande

En 1951, el reconocido psicólogo estadounidense Solomon Asch fue a un instituto para realizar una prueba de visión. Al menos eso es lo que les dijo a los 123 jóvenes voluntarios que participaron –sin saberlo– en un experimento sobre la conducta humana en un entorno social. El experimento era muy simple. En una clase de un colegio se juntó a un grupo de siete alumnos, los cuales estaban compinchados con Asch. Mientras, un octavo estudiante entraba en la sala creyendo que el resto de chavales participaban en la misma prueba de visión que él.

Haciéndose pasar por oculista, Asch les mostraba tres líneas verticales de diferentes longitudes, dibujadas junto a una cuarta línea. De izquierda a derecha, la primera y la cuarta medían exactamente lo mismo. Entonces Asch les pedía que dijesen en voz alta cuál de entre las tres líneas verticales era igual a la otra dibujada justo al lado. Y lo organizaba de tal manera que el alumno que hacía de cobaya del experimento siempre respondiera en último lugar, habiendo escuchado la opinión del resto de compañeros.

La conformidad es el proceso por medio del cual los miembros de un grupo social cambian sus pensamientos, decisiones y comportamientos para encajar con la opinión de la mayoría”
(Solomon Asch)

La respuesta era tan obvia y sencilla que apenas había lugar para el error. Sin embargo, los siete estudiantes compinchados con Asch respondían uno a uno la misma respuesta incorrecta. Para disimular un poco, se ponían de acuerdo para que uno o dos dieran otra contestación, también errónea. Este ejercicio se repitió 18 veces por cada uno de los 123 voluntarios que participaron en el experimento. A todos ellos se les hizo comparar las mismas cuatro líneas verticales, puestas en distinto orden.

Cabe señalar que solo un 25% de los participantes mantuvo su criterio todas las veces que les pre­­guntaron; el resto se dejó influir y arrastrar al menos en una ocasión por la visión de los demás. Tanto es así, que los alumnos cobayas respondieron incorrectamente más de un tercio de las veces para no ir en contra de la mayoría. Una vez finalizado el experimento, los 123 alumnos voluntarios reconocieron que “distinguían perfectamente qué línea era la correcta, pero que no lo habían dicho en voz alta por miedo a equivocarse, al ridículo o a ser el elemento discordante del grupo”.

A día de hoy, este estudio sigue fascinando a las nuevas generaciones de investigadores de la conducta humana. La conclusión es unánime: estamos mucho más condicionados de lo que creemos. Para muchos, la presión de la sociedad sigue siendo un obstáculo insalvable. El propio Asch se sorprendió al ver lo mucho que se equivocaba al afirmar que los seres humanos somos libres para decidir nuestro propio camino en la vida.

Más allá de este famoso experimento, en la jerga del desarrollo personal se dice que padecemos el síndrome de Solomon cuando tomamos decisiones o adoptamos comportamientos para evitar sobresalir, destacar o brillar en un grupo social determinado. Y también cuando nos boicoteamos para no salir del camino trillado por el que transita la mayoría. De forma inconsciente, muchos tememos llamar la atención en exceso –e incluso triunfar– por miedo a que nuestras virtudes y nuestros logros ofendan a los demás. Esta es la razón por la que en general sentimos un pánico atroz a hablar en público. No en vano, por unos instantes nos convertimos en el centro de atención. Y al exponernos abiertamente, quedamos a merced de lo que la gente pueda pensar de nosotros, dejándonos en una posición de vulnerabilidad.

El síndrome de Solomon pone de manifiesto el lado oscuro de nuestra condición humana. Por una parte, revela nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, creyendo que nuestro valor como personas depende de lo mucho o lo poco que la gente nos valore. Y por otra, constata una verdad incómoda: que seguimos formando parte de una sociedad en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajenos. Aunque nadie hable de ello, en un plano más profundo está mal visto que nos vayan bien las cosas. Y más ahora, en plena crisis económica, con la precaria situación que padecen millones de ciudadanos.

Detrás de este tipo de conductas se esconde un virus tan escurridizo como letal, que no solo nos enferma, sino que paraliza el progreso de la sociedad: la envidia. La Real Academia Española define esta emoción como “deseo de algo que no se posee”, lo que provoca “tristeza o desdicha al observar el bien ajeno”. La envidia surge cuando nos comparamos con otra persona y concluimos que tiene algo que nosotros anhelamos. Es decir, que nos lleva a poner el foco en nuestras carencias, las cuales se acentúan en la medida en que pensamos en ellas. Así es como se crea el complejo de inferioridad; de pronto sentimos que somos menos porque otros tienen más.

“Ladran, luego cabalgamos”

(dicho popular)

Bajo el embrujo de la envidia somos incapaces de alegrarnos de las alegrías ajenas. De forma casi inevitable, estas actúan como un espejo donde solemos ver reflejadas nuestras propias frustraciones. Sin embargo, reconocer nuestro complejo de inferioridad es tan doloroso, que necesitamos canalizar nuestra insatisfacción juzgando a la persona que ha conseguido eso que envidiamos. Solo hace falta un poco de imaginación para encontrar motivos para criticar a alguien.

El primer paso para superar el complejo de Solomon consiste en comprender la futilidad de perturbarnos por lo que opine la gente de nosotros. Si lo pensamos detenidamente, tememos destacar por miedo a lo que ciertas personas –movidas por la desazón que les genera su complejo de inferioridad– puedan decir de nosotros para compensar sus carencias y sentirse mejor consigo mismas.

¿Y qué hay de la envidia? ¿Cómo se trasciende? Muy simple: dejando de demonizar el éxito ajeno para comenzar a admirar y aprender de las cualidades y las fortalezas que han permitido a otros alcanzar sus sueños. Si bien lo que codiciamos nos destruye, lo que admiramos nos construye. Esencialmente porque aquello que admiramos en los demás empezamos a cultivarlo en nuestro interior. Por ello, la envidia es un maestro que nos revela los dones y talentos innatos que todavía tenemos por desarrollar. En vez de luchar contra lo externo, utilicémosla para construirnos por dentro. Y en el momento en que superemos colectivamente el complejo de Solomon, posibilitaremos que cada uno aporte –de forma individual– lo mejor de sí mismo a la sociedad.

En aquests dies complicats…

6 mai

Hi posem una mica de dibuix, pel que pugui ser. Dedicat a aquells que tot navegant entreu al meu blog.

jopintat

Dilluns got

4 mai

e0ecd0d680111754af42463bca0ecced

Dilluns de got, de voler fer masses coses, de no arribar a res… de format circul·lar, de foto en baixa resolució, de megapixels massa quadrats, de merda. Suposo que es dilluns son això…poc oxígen i massa Co2. Remuntarem!

On m’agrada estar…

30 abr

Quan la gent veu una piscina flipa (jo també) i pensa amb flotar o tirar-se de cap o bomba! però mirant la piscina o disfrutant-la tot l’estiu, acabo sempre pensant en que ón més m’agrada estar de la piscina, és sens dubte a sota… M’explico, el meu lloc preferit de la piscina és a l’escala de la zona del fons. M’agrada agafar-me a l’escala i baixar fins al final, aguantar-me la respiració i rel·laxar-me intentant no pensar en res. El millor lloc… sense crits, sense gent… només amb el soroll de l’aigua. Sentint l’expulsió de bombolles…lenta…i llavors, pujo per l’escala i surto a la realitat.

tumblr_m9ifwhZoOp1r251tno1_500

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.