Carta a Isabel Coixet

24 jul.

Estimada, o no, Isabel:

He leído el artículo Una visión naíf del referéndum que publicó El País el pasado 19 de julio y me ha parecido conveniente escribir un texto naíf como respuesta. Vayamos por partes, como dijo el que destrozó el disco duro de Bárcenas (por cierto, si no te importa te pondré en negrita, como los sobrecitos de los sobresuelditos del susodicho):

Empiezas con la única frase con la que estoy de acuerdo y de la única manera que en cualquier escuela de escritura creativa te prohibirían: Ya digo de entrada que este texto me parece prescindible (…) Bueno, pues adiós Isabel. Encantado de haberte leído. Que no… que es bromita.

Ya digo de entrada que este texto me parece prescindible porque lo escribo con el ánimo del que construye una cometa y la intenta hacer volar una tarde de domingo en la que no sopla ni una gota de aire.

Isabel, si no sopla ni una gota de aire, no hay que perder el tiempo con una cometa. Es inútil. Es como intentar que dos tercios del Congreso y del Senado cambien la Constitución para convertir España en un estado federal. No hay aire reformista. ¿Has visto a Rajoy soplando? No, lo que hace con la lengua es un tic nervioso. Una tarde de domingo es mejor ir al cine a ver una peli tuya. No sé… La vida secreta de las cometas cabronas… Mi vida sin una gota de aire… Demasiado viejo para morir joven intentando hacer volar una cometa…

Desde hace mucho tiempo se promueve y fomenta continuamente el desprecio hacia los otros territorios del Estado español. ¡Venga, cuñao! ¡Prepara un carajillo bien cargadito que la Isabel se ha soltado! ¿Quién lo promueve? ¿Quién promueve el desprecio hacia otros territorios del Estado Español? ¿Alfonso Guerra cuando se mostró orgulloso de cepillar el Estatut? ¿Wert y su intento de españolizar a nuestros hijos? ¿Victoria Prego, Curri Valenzuela, Federico Jiménez Losantos, Miguel Ángel Rodríguez, Antonio Burgos, César Vidal? ¿Quién promueve el odio en nosotros, los catalanes, que la mayoría somos hijos de andaluces, aragoneses o extremeños? Venga, Isabel, te creía más inteligente.

Esto es una especie de cansina vuelta al patio del colegio: ese es tonto; el de más allá, un vagazo. Como persona viajada que soy puedo dar fe de que la tontería y la pereza no son patrimonio exclusivo de ningún pueblo del mundo. Si así fuera, ya me tendrían pidiendo asilo en la tierra de los perezosos. La pereza está muy infravalorada. En un país tan subsidiado, no sé si es una afirmación un tanto arriesgada.

Se anteponen, antes que cualquier debate sobre qué hacer para mejorar la vida de los ciudadanos, las ventajas de una mítica tierra de promisión que pasa indefectiblemente por la “desconexión” de España, que, según sus partidarios, es algo con lo que soñamos desde la más tierna infancia los ocho millones de catalanes, ya que vivimos esclavizados, amordazados y sojuzgados por el perverso Gobierno central. ¿Y eso quién lo afirma? Dices “se anteponen”. ¿Quiénes? ¿Quiénes hablan de tierra de promisión? Mira, Isabel, mi punto de vista es que estamos intervenidos desde hace muchos años. Desde el momento en el que un Estatut se elabora y vota por el Parlamento catalán, se vota por el pueblo catalán, se vota por el Parlamento y el Congreso españoles, se recorta por el Tribunal Constitucional y varios artículos recortados aparecen casi calcados en el estatuto andaluz, estamos intervenidos. Y no mola estar intervenidos (el verbo molar lo utilizo porque es un texto naíf). No mola pagar el 24% de impuestos con el 16% de población, que los presupuestos en infraestructuras del estado español se ejecuten tradicionalmente en un porcentaje muy bajo y no mola el déficit fiscal. No es justo. No es justo tampoco el atávico desprecio por la diversidad lingüística y cultural. Ni es inteligente. Tampoco es justo, ni inteligente, que un conflicto como éste no se pueda resolver en las urnas. Catalunya no será una tierra de promisión pero será nuestra tierra. La de todos los que quieran compartirla en igualdad de condiciones, con voz, voto y soberanía.

Y en un mundo donde tanta gente es esclavizada y sojuzgada de verdad, que desde el Govern se hable en esos términos es sonrojante. En serio, Isabel, ¿cuándo has oído a Puigdemont o a Junqueras hablar de que estamos esclavizados? Es que ni siquiera has oído en sus labios pronunciar las palabras “Espanya ens roba”. Inventarse lo que otras personas han dicho no es que sea demagógico, es miserable.

Con la independencia, esto va a ser una mezcla de Shangri-La, Legoland y Ganímedes. Todavía estoy esperando que alguien me cuente cómo va a ser la nueva república independiente catalana. Si alguien tiene pistas, por favor que las comparta. A mí Legoland me gusta mucho, pero no quiero vivir en ella, debe de ser incomodísimo. Es cierto, ser un muñeco de Lego con esos brazos y piernas inarticuladas complica bastante tener relaciones sexuales. Por eso jamás verás a uno que se parezca a Julio Iglesias. ¿Quieres pistas sobre cómo será la nueva república catalana? Sólo tienes que acudir a una de las muchas conferencias que han ofrecido los miembros de la Assemblea Nacional Catalana, de Súmate, los consellers o el propio presidente de la Generalitat. También podrías leer la enorme cantidad de libros que se han escrito sobre el tema. Otra cosa es que dediques tu tiempo a volar cometas cuando no hay ni una gota de aire. Debe ser una costumbre socialista. Y si no, ahí tienes el ejemplo de Iceta. Cuando en TV3 se emite el documental del que todo el mundo habla sobre la corrupción en el estado español, él decide ver “Goldfinger”. ¡Olé! Cuando alguien señala la luna, siempre hay un tonto que mira el dedo.

Y ahora viene la coletilla definitivamente naíf (o buenista o ingenua o boba) de este texto, lo digo por si quieren abandonar ahora: este no es el momento de crear más fronteras, ni muros ni barreras. Este, quizás más que nunca en la historia, es el momento de tender puentes, de centrarnos en las cosas que tenemos en común, de solventar las diferencias y las injusticias con auténtica y genuina voluntad de diálogo, de enfrentarnos juntos, todos los europeos en un marco federal, sin distinciones de pasaportes, a los desafíos de un mundo descabezado, convulso, ardiente, complejo y terrible. ¡¡¡Alerta demagógica!!! ¡¡¡Pónganse los salvavidas!!! ¡¡¡Mujeres y niños primero!!! No, Errejón, tú espérate. La que no quiere vivir en Legoland, nos ofrece Disneylandia. La que no quiere vivir en un mundo de muñecos con problemas para bajarse la bragueta por culpa de sus bracitos, quiere que todos juntos cantemos como en una peli de Mickey Mouse. ¡Construyamos puentes entre todos los europeos! ¡Morréate con el turista de Lloret que hace balconing si es que no se ha roto la cabeza antes! ¡No llames motherfucker a tu vecino del piso turístico ilegal que canta borracho a las cuatro de la mañana! ¡Qué bonito, Isabel! ¡Y sin pasaportes, ni controles en los aeropuertos! ¡Porque somos europeos y nos queremos mucho! ¡Let it go, let it go! ¡Turn away and slam the door! Bueno, vale… lo de llevarnos bien está de coña pero yo es que no me quiero independizar de los españoles. Quiero pertenecer a un nuevo estado. No sé si mejor pero que al menos no vaya en mi contra como el actual. Porque el actual va en tu contra también, Isabel. Esta semana el Tribunal Constitucional ha suprimido el canon digital catalán. A pesar de que fue votado por UNANIMIDAD por el parlamento catalán y consensuado por todos los agentes de la industria audiovisual, el estado español lo ha suprimido. ¿Volaréis cometas todos los cineastas catalanes en señal de alegría? Además, los que mantenéis ese discurso tan “europeísta” lo que generáis es la sensación en el oyente o en el lector de que siendo catalán no se puede ser europeo. Sólo se accede a la “europeidad” siendo español. Porque como no tenéis estado… como ni siquiera sois una nación… como nunca habéis sido independientes… como vivís de prestado del maravilloso imperio español… como sólo sois un reflejo óptico… como no existís… ¡Venga, compraros una camiseta de la roja y no silbéis el himno!

Yo no poseo demasiadas certezas, pero he vivido lo bastante para saber que construir, sumar y amar siempre es infinitamente mejor que destruir, restar y odiar. Bueno, depende. Depende de lo que destruyas (el franquismo, por ejemplo), lo que restes (la catalanofobia no iría mal) y lo que odies (la posibilidad de no crecer como sociedad).

Y ahora, si no te importa, no me voy a hacer el idiota intentando volar una cometa cuando no hay viento, sino que voy a dedicarme a cosas más importantes como la pereza estival. Yo también la valoro, Isabel.

Àlex_Ribes

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